Hoy me gustaría romper el día, sacar la cabeza y respirar.
Ante todo doy gracias al transcurso del tiempo por haberme alejado de la “Città Morta”. Despúes de dos meses fuera de Potenza, la he vuelto a bautizar con el nombre de “¿Potenza?¿Eso no es una marca de neumáticos?”.
Lo que metí en la maleta y aun conservo, es el efecto “Compara y disfruta”. Consiste en recordar todo aquello que has pasado, mirar lo que tienes a tu al rededor y sonreir. Despúes de Potenza cualquier cosa supera tus espectativas.
Ahora he subido de nivel, literalmente. Me encuentro en Rimini, al norte de Italia en la costa adriática. Mi casa tiene vistas al mar y tardo menos de 15 minutos en llegar al centro de la ciudad. No hay cuestas y tienes más peligro de ser atropellado por una anciana en bicicleta que por un coche.
El alcance de tres horas o menos a la redonda (depende el transporte que elijas) te puede llevar a ciudades como Milán, Florencia, Bologna, Venecia, San Marino, Croacia, Centro europa…
La actividad principal de la ciudad, economicamente hablando, es el turismo, Rimini es uno de los puntos de veraneo más famosos en Italia. Su vida nocturna es uno de sus reclamos junto a la enorme de variedad de hoteles y restaurantes.
Su centro histórico no es muy grande ni muy elaborado, pero sinceramente, no creo que la gente que viene a Rimini lo que más le apetezca es ver monumentos.
Rimini me lo ofrece todo, menos el tiempo. En otra vida paralela a esta, yo sería una turista más alojada en” il Grand Hotel” dándome a la dolce vita, estando preocupada por cuantos pares de zapatos nuevos podré meter en la maleta. En esta vida, justo en frente de la otra, estoy aquí por trabajo en el que mi horario empieza y acaba a la hora que tenga que empezar y a la hora que tenga que acabar.
La rutina aquí es algo que estoy empezando a olvidar. Estoy haciendo una dieta estricta, se llama “Y ahora que era lo que tenía que hacer?”: el stress así como la responsabilidad son el primer y el sengundo plato del menú de cada día. El postre es que si el día era tranquilo te da tiempo a cenar con los ojos abiertos.
Pero todavía me queda el efecto “Compara y disfruta” y me gusta mil veces más la falta de tiempo en Rimini que la demasía de tiempo libre en Potenza.
Si Dios existe, tiene un sentido del humor que no entiendo